tiempo estimado de lectura : 5
16 Mar
LA SOMBRA DESEA SER ILUMINADA

El ser humano lleva en su interior una compleja mezcla de elementos, tanto positivos como negativos, que forman parte de su naturaleza más profunda. Dentro de cada individuo, coexisten tanto la luz como la sombra, aspectos luminosos y oscuros que definen su ser. Sin embargo, muchas veces nos resulta difícil aceptar esta dualidad, especialmente cuando se trata de reconocer nuestros aspectos más sombríos. Nos cuesta mirar de frente esas partes de nosotros mismos que consideramos indeseables, y como consecuencia, tendemos a reprimirlas ocultándolas en las profundidades de nuestro subconsciente. Este acto de auto represión nos permite, en un nivel consciente, crear una imagen idealizada de nosotros mismos, una imagen construida exclusivamente a partir de las cualidades y características que deseamos ver y reconocer en nuestra personalidad, viviendo por lo tanto desde el olvido y desde el auto engaño. 


No obstante, la realidad es que, por más que tratemos de negar o esconder estas sombras, ellas siguen formando parte de nosotros, y siempre nos acompañan a dondequiera que vayamos. Cada ser humano lleva consigo, de manera silenciosa, esos aspectos reprimidos, esos rincones oscuros que siguen existiendo en su interior, aunque no sean visibles a simple vista. Estos aspectos sombríos, aunque ignorados conscientemente, están presentes y participan activamente en nuestra vida cotidiana. Están detrás de nuestras acciones, de nuestras reacciones, de nuestras decisiones y, en última instancia, de nuestra forma de relacionarnos con el mundo. En muchas ocasiones, esas sombras actúan sin que nos demos cuenta, guiando nuestro comportamiento en contra de nuestros propios deseos o intenciones. Es entonces cuando nos encontramos reaccionando de manera inesperada, con impaciencia, irritación, rechazo e incluso agresividad, lo que nos sorprende y desconcierta. 


Esta disonancia interna surge, en parte, porque no somos capaces de reconocer la verdadera raíz de nuestras reacciones. Nos cuesta entender por qué actuamos de la manera en que lo hacemos, ya que nos negamos a confrontar esas sombras que permanecen ocultas dentro de nosotros. Así, muchas veces no somos conscientes de lo que proyectamos a los demás. Otros perciben nuestros aspectos oscuros, pero nosotros seguimos sin verlos en nosotros mismos, como si estuviéramos cegados ante nuestra propia naturaleza más profunda. Es como si estuviéramos marcados de forma invisible por esas sombras reprimidas, que se filtran en cada acto que realizamos, en cada palabra que decimos y en cada decisión que tomamos, sin que podamos evitarlo. 


Sin embargo, esa parte oscura y reprimida de nuestro ser no desaparece ni se desvanece. Al contrario, tiene una necesidad insaciable de salir a la conciencia, de ser reconocida y observada. Aunque no queramos verlo, la sombra dentro de nosotros quiere ser vista, necesita ser comprendida. No obstante, es una parte de nuestra psique que resulta incómoda, dolorosa y, en muchos casos, profundamente desagradable de confrontar. Por esta razón, recurrimos a diversas formas de negarla o evitarla. La energía que dedicamos a rechazar esta parte oscura nos consume y nos impide verla con claridad. Intentamos disfrazarnos, ponernos máscaras para que esa parte de nosotros no salga a la superficie. Nos escudamos detrás de comportamientos, actitudes y roles que nos permitan ocultar nuestras inseguridades, nuestros miedos y nuestras aspectos más sombríos. 


Cuando finalmente, y de manera inevitable, estas sombras emergen con más fuerza, tratando de exponerse a nuestra conciencia, nos encontramos defendiendo esas partes reprimidas con gran vehemencia. En lugar de aceptarlas, tratamos de protegerlas a toda costa, justificando su existencia y resistiéndonos a comprender lo que realmente representan para nosotros. Esta lucha interna puede ser agotadora y confusa, ya que nos enfrentamos a una parte de nosotros que no queremos aceptar, pero que sigue exigiendo ser reconocida. 


A lo largo de la vida, si una persona ha reprimido en exceso sus aspectos oscuros, estos finalmente comienzan a manifestarse con más intensidad. Los problemas no resueltos, las emociones no expresadas y las heridas no sanadas luchan por salir a la luz, y es en ese momento cuando la persona siente la presión de esa parte "enferma" de su ser. La lucha interna es tan fuerte que, en muchos casos, las personas intentan escapar de ella a través de diversos mecanismos de evasión. Mientras algunos recurren al televisor o a las redes sociales, buscando distracción para no enfrentarse a su propio vacío interior, otros buscan consuelo en diferentes sustancias, intentando mitigar el dolor que les genera confrontarse con su propia sombra. 


Pero tarde o temprano, la presión de esas sombras reprimidas se vuelve insoportable. Llega un momento en que las tensiones internas alcanzan un nivel extremo, y las personas sienten que no pueden seguir ignorando lo que llevan dentro. La incomodidad y el malestar que genera esa represión se hacen insostenibles, y las consecuencias de ignorar nuestra sombra se hacen evidentes. En este punto, los efectos negativos de la represión pueden desencadenar crisis emocionales o diferentes desarmonías físicas y psicológicas que obligan a la persona a confrontar finalmente sus propios demonios. 


Mientras esta presión no alcanza niveles tan extremos, las personas siguen experimentando sensaciones internas de insatisfacción, inseguridad, desilusión, estrés y angustia. Se sienten incapaces de encontrar paz o satisfacción, y su vida parece estar marcada por una constante sensación de vacío. Además, pueden experimentar sentimientos de culpa, inferioridad, indiferencia, pasividad, celos y envidias, los cuales surgen de la desconexión interna que sienten. La mayoría de las personas, sin embargo, tiende a atribuir estos malestares a factores externos, es decir, a situaciones, personas o circunstancias fuera de su control. No se dan cuenta de que lo que realmente está generando esa incomodidad interna son los aspectos oscuros que llevan dentro de sí mismos, aquellos aspectos que han sido reprimidos y negados durante tanto tiempo. Y, por más que traten de buscar culpables fuera de sí, no logran comprender que la raíz de su sufrimiento proviene de un conflicto no resuelto con su propia sombra. 


Así, muchos siguen sin reconocer y aceptar esta parte oscura de su ser a lo largo de toda su vida, hasta el final de sus días, sin darse cuenta de que la verdadera sanación solo puede ocurrir cuando se enfrentan y abrazan esas sombras internas, permitiendo que la luz de la conciencia las ilumine y las transforme.

Jordi y Eva

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.